14 may. 2017

Rubik

Para LE

“No encuentro ese condenado cubo, ¿dónde habrá quedado?” pensó con fastidio luego de abrir el último cajón.
“Sólo queda revisar en la bodega”, se dijo con resignación al recordar el polvo y el montón de cajas que habría que revisar. “Pues de una vez, antes de que pierda las ganas”.
Buscó la llave y bajó. Al prender la luz, le sorprendió –como siempre– la cantidad de cosas amontonadas en ese espacio. Respiró hondo y abrió la primera caja.

Tres horas después, el juguete había sido olvidado, el lugar estaba intransitable y Mario se hallaba inmerso en los recuerdos. Éstos cobraban vida uno a uno, sorprendidos con la libertad de este inesperado indulto saliendo, incrédulos y conmovidos, de sus prisiones de cartón.